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La cabaña pasiega

Existe un lugar en el interior de Cantabria, donde se esconden unos valles perdidos en el tiempo, cada uno  esconde sus propios secretos pero todos comparten la forma de vida, el  paisaje, su cultura, sus costumbres, sus tradiciones y su arquitectura: las cabañas pasiegas.

En los valles pasiegos el hombre y la naturaleza han creado un patrimonio de siglos, unas costumbres y tradiciones que han conformado la identidad de un pueblo, la naturaleza y el paisaje ha forjado el carácter de los pasiegos.

La Cabaña Pasiega construcción típica de los valles pasiegos ha ido evolucionando desde la edad media hasta nuestros días, en sus comienzos cuando el sistema de pastoreo era extensivo no había límites entre fincas, los pasiegos que enverengaban en los montes construían sus viviendas rectangulares de piedra y cubierta de entramado de madera.

 A mediados del siglo XVI y XVII  el sistema de pastoreo cambia y en vez de ser comunal empieza a individualizarse, cada pasiego cuida y cría su propio ganado, y es cuando nace el sistema de pastoreo propiamente pasiego; las cabañas pasiegas son viviendas temporales de planta rectangular de piedra, techo de lastras  de piedra y el interior de distribuía con tablazón de madera.

En el siglo XVIII y principios de XIX se produce la simbiosis en la cabaña pasiega y pasa a ser vivienda y cuadra para el ganado, las fincas se van cercando con piedras: las cabañas empiezan a ser  de planta rectangular con fachada, tiene  dos suelos, el superior como pajar y cocina, y el inferior como cuadra. El tejado se prolonga sobre la fachada  aumentando la planta, se sustituye el patín abierto por la solana de madera (se cierran los portales con tablazón), se construyen borciles bajo solana, y  portales para guardar la leña. También se construyen cobertizos independientes en torno a la edificación.

Llama la atención la cantidad de cabañas que hay en los valles pasiegos: actualmente  hay censadas aproximadamente unas ocho mil cabañas, esto es debido a que cada familia tenía varias cabañas distribuidas por las branizas, fincas altas donde el pasto está más fresco: se trataba de un pastoreo de trashumancia, “la muda”, durante el año el ganado recorría las diferente branizas y cada braniza tiene su cabaña.

Desde mediados del siglo XX hasta nuestros días se he producido en los valles pasiegos un éxodo rural, por las condiciones tan duras de trabajo, por el declive de la ganadería y por un futuro incierto, el paisaje y la arquitectura rural ha sufrido un gran deterioro durante esta década hasta nuestros días, se produce un continuo abandono de las branizas, abandonando la práctica de la muda, por lo que se tiende a convertir la cabaña pasiega vividora en vivienda habitual, aumentando  los espacios habitables: aumentan el número de habitaciones, las cocinas se hacen más cómodas, aparecen los aseos usando para ello un cobertizo añadido ocupando un espacio en la solana, se abren ventanales para aumentar la luminosidad interior y se utilizan materiales constructivos modernos que no se identifican con el paisaje

Pero por fin parece que las administraciones toman conciencia de la situación actual de estos valles, y como alternativa al sector agrario y ganadero, es el sector turístico y de servicios lo que se pretende incentivar, la cabaña pasiegas serán reguladas para no perder  su identidad y su fisonomía, a partir de estos años las cabañas pasiegas en vez de alojar ganado alojarán turistas, solo espero y deseo que con el cambio de actividad económica de estos valles no se pierda la identidad de un pueblo, sus tradiciones y costumbres.

Los valles pasiegos son un territorio sensible y peculiar donde el color verde de su paisaje se manifiesta en estado puro, donde el silencio es sinónimo de tranquilidad y sosiego, es un patrimonio etnográfico que debe conservarse tanto en la arquitectura como culturalmente, y precisamente esto  es lo que hace de los valles pasiegos un lugar único, diferente y sorprendente.

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